jueves, 6 de noviembre de 2008

Riesgos tecnológicos "insidiosos"por juan murria
Introducción.
Cuando hablamos de riesgos tecnológicos hablamos generalmente de aquellos riesgos capaces de generar desastres de desarrollo súbito, repentino, espectaculares y capaces de generar un gran impacto negativo sobre la población, sobre la infraestructura construida y sobre el medio ambiente, tanto a corto como a largo plazo
En este articulo nos referiremos a otro tipo de riesgos tecnológicos no tan obvios, ni repentinos y espectaculares pero, no por ello, menos peligrosos y devastadores. Estos riesgos -a los cuales hemos dado en llamar "insidiosos"- generalmente presentan un largo proceso de incubación, son maliciosos y dañinos a pesar de su aparente inocuidad y que son, quizás sea esto lo mas grave, generalmente desconocidos por la población en general y, en algunos casos, desconocidos hasta por aquellos involucrados en la gestión de riesgos. (Murria, 2002)
No hablaremos aquí, sin embargo, de los riesgos asociados con fenómenos tales como el cambio climático, el recalentamiento global ("efecto invernadero"), el aumento del tamaño del hueco en la capa de ozono, la lluvia ácida, por ser estos riesgos que están siendo estudiados y, hasta cierto punto, combatidos a través de medidas de prevención y mitigación más o menos efectivas. (Mahi, 1998)
Tampoco hablaremos aquí de lo que Mahi denomina riesgos "ocultos", los cuales ilustra con un ejemplo: el descubrimiento del hueco de la capa de ozono el cual nos alertó sobre el efecto negativo del uso indiscriminado de los clorofluorocarbonos (CFC) y que llevó a su posterior prohibición o, al menos, a la restricción de su uso.
En este articulo presentaremos algunas consideraciones sobre estos riesgos insidiosos con el deseo de que ellas puedan servir de guía para cuando, más temprano que tarde, se le otorgue en nuestros países la consideración que se merecen dadas las consecuencias negativas que representan para nuestra población, nuestra infraestructura y nuestro medio ambiente.
Presentaremos aquí una breve descripción de algunos de estos riesgos, sus génesis y desarrollo, las acciones que se están tomando en otros países para mitigar sus efectos nocivos y, por ultimo, algunas recomendaciones sobre lo que deberíamos estar haciendo en nuestro continente en este respecto.
Nos referiremos aquí en particular a las emanaciones de gas radón y a las ondas electromagnéticas emitidas por las líneas de transmisión eléctrica y las antenas de estaciones radio y televisión (Monmonnier, 1997) así como a la problemática de la contaminación de suelos y de las aguas subterráneas. (Bedient, et al, 1999)
Muchos investigadores han estado estudiando este tema por lo que ya existe mucha información respecto a ellos. Sin embargo, y hasta donde conoce el que esto escribe, en América Latina y el Caribe se les ha prestado escasa atención a este tema.
Las emanaciones de gas radón y la radiación electromagnética.
Estos riesgos tecnológicos comenzaron a llamar la atención de los investigadores en Estados Unidos y Europa en los años 1970.. El Profesor Monmonier aduce una razón muy convincente para agrupar esto dos riesgos en el mismo capitulo de su libro (Monmonier, 1997) puesto que, en ambos casos, está involucrada la energía electromagnética y ambos son potencialmente carcenígenos. En este articulo, sin embargo, los vamos a analizar separadamente.
Emanaciones de gas radón.
El radón es un gas noble (inerte), inodoro, incoloro e insípido, siete veces mas pesado que el aire y es, quizás, la fuente más importante de radiación natural, habiéndose estimado que el radón y los nucleidos que se forman a medida que el radón decae constituyen alrededor de las tres cuartas partes de las tasas efectivas anuales de radiación que reciben los seres humanos. (Miller & Miller, 1990)
El contenido de radón en la atmósfera de las diversas regiones del mundo depende del contenido nivel de uranio en las rocas y en los suelos, estimándose que un suelo típico contiene alrededor de una parte por millón (1 ppm) de uranio, mientras que una roca de fosfato contiene típicamente de 50 a 125 ppm y las rocas de origen granítico unas 50 ppm.
Las concentraciones de radón en la atmósfera son generalmente muy bajas, por lo que no se puede considerar el radón como una amenaza para la salud Sin embargo sus concentraciones en el interior de las viviendas, particularmente en los sótanos pueden llegar a ser hasta diez veces mayores que en la atmósfera dependiendo de su tasa de infiltración a través del subsuelo y de la tasa de la eliminación del gas por la ventilación natural..
El estudio del tema de las emanaciones de gas radón no es de reciente data. Hacen ya varios años que se están estudiando los efectos dañinos sobre los seres humanos y su posible relación con el cáncer pulmonar puesto que algunos expertos consideran que las emanaciones de gas radón son la segunda causa de este mal, aunque muy por detrás del uso del tabaco.
Las radiaciones electromagnéticas.
La investigación sobre los efectos nocivos de las radiaciones electromagnéticas generadas en las cercanías de líneas de transmisión eléctrica de alta tensión y de las antenas de las estaciones transmisoras de radio y televisión se inició en los Estados Unidos en la década de los 1970 cuando Nancy Wertheimer, una epidemióloga de Denver, Colorado, comenzó a visitar los hogares de niños que habían muerto de cáncer como parte de un proyecto de investigación.
Si bien la investigación de la Dra. Wertheimer en busca de una posible causa se orientaban primordialmente hacia la contaminación por productos químicos, los efectos de los formaldehídos contenidos en los materiales aislantes, etc., detectó durante dicha investigación la presencia de transformadores eléctricos instalados en los postes de las lineas eléctricas, lo que la llevó a considerar la posible relación entre las líneas de transmisión y la incidencia del cáncer. (Monmonier, 1997)
Es necesario enfatizar que, hoy por hoy, no está suficientemente demostrado que dicha radiación electromagnética presente realmente un peligro para la salud de la población circundante.
Por ejemplo, en un reciente informe de investigadores españoles (TVE, 2002) se indica que dichas radiaciones generadas en campos electromagnéticos no son dañinas para los seres vivientes por no ser ellas de carácter ionizante y, por ende, no poder causar daño a las células.
Añaden sin embargo dicho científicos que hay que permanecer alerta sobre la posibilidad que los nuevos y constantes desarrollos tecnológicos afecten negativamente la salud y bienestar de la población del mundo.
En consecuencia se considera conveniente que los gestores de riesgos estén al tanto de los estudios que se vienen realizando en el ámbito mundial sobre este tema a fin de poder tomar las medidas necesarias para la protección de la población.
La contaminación de los suelos y de las aguas subterráneas.
El origen de la contaminación de los suelos y de las aguas subterráneas es tan viejo como nuestra misma civilización. Es, sin embargo, con motivo de la revolución industrial en el siglo XIX en Europa cuando dicho problema se agudiza y la población toma conciencia de sus efectos negativos.
Dicha concienciación se inicia con l a disposición de los desechos producto de los procesos industriales del carbón en Alemania a finales del siglo XIX y continua en los albores del siglo XX con la disposición de desechos químicos provenientes de las siderurgicas, de las incipientes y primitivas refinerías de petróleo, y de la fabricación de baterías, entre otros.
La Segunda Guerra Mundial agudiza el problema con el marcado aumento de la actividad de la industria de armamento y municiones que requerían para su fabricación solventes clorinados, polímeros, plásticos, pinturas, preservativos de maderas y la
producción de metales cuyos desechos son altamente contaminantes y peligrosos (Bedient et al, 1999)
Sin embargo, hay que reconocer que, desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, era muy poco lo que se conocía del peligro que dichos desechos químicos representan para el medio ambiente y para la. población.
No sería sino entre 1980 y 1990 con los casos de Love Channel en Texas y Niagara Falls en Nueva York que el gobierno de los Estados Unidos inició una serie de medidas tendentes a regular la disposición de desechos peligrosos, principales causas de la contaminación de los suelos y de las aguas subterráneas.
En América Latina y el Caribe se crearon organismos cuyo mandato fue el asegurar la protección del medio ambiente, como fue el caso de la creación del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales Renovadles (MARNR) en Venezuela seguido por su homónimo en Colombia y, posteriormente, en otros países.
La contaminación de los suelos.
Este problema se genera primordialmente por las filtraciones provenientes de escapes de hidrocarburos en estado líquido y de productos químicos altamente contaminantes susceptibles de ocurrir en las diversas instalaciones de las industrias petroleras, químicas y petroquímicas y otras industrias que manejen productos peligrosos.
Muchas de estas industrias a nivel mundial ha estado muy consciente de este riesgo y ha diseñado e implantado programas específicos para reducir a un mínimo aceptable sus efectos negativos. Los continuados progresos, tanto en la detección de estas filtraciones como en las medidas de mitigación a implantar, así como los programas de inspección y control por parte de las autoridades competentes han tendido a mitigar el riesgo de esta contaminación..
El problema se agudiza, sin embargo, por la desidia de las autoridades competentes autoridades encargadas de la prevención y mitigación de este tipo de riesgo..
La contaminación de las aguas subterráneas.
Como ya se mencionó anteriormente las principales fuentes de contaminación de las aguas subterráneas son las grandes cantidades de efluentes generadas por los procesos industriales, en particular por sus compuestos orgánicos, Entre ellos podemos mencionar, sin ser exhaustivos los siguientes:
· El uso indiscriminado de pesticidas y fertilizantes..
Los escapes de tanques de almacenamiento de sustancias peligrosas tanto superficiales como subterráneos, de pozos sépticos y de pozos de inyección de efluentes.
La percolación de contaminantes atmosféricos.
La intrusión de aguas salinas en regiones costaneras.
Los escapes y derrames de oleoductos y poliductos
La disposición de los desechos provenientes de actividades mineras
Los desechos de las actividades agropecuarias (mataderos, tenerías, plantas agroindustriales)
La precolación ("leaching") resultantes en los rellenos sanitarios (Véase mas abajo)
Los rellenos sanitarios.
La falta de programas adecuados para el reciclaje de nuestros desechos ha hecho de los rellenos sanitarios una necesidad esencial en nuestras ciudades grandes y pequeñas con los consiguientes riesgos para la población y el medio ambiente como son:
Los problemas médico-sanitarios en la población circundante y, especialmente, en aquellas personas quienes, desafortunada y lastimosamente, tiene que tratar de ganarse la vida recuperando de estos rellenos sanitarios alimentos, materiales y equipos para su eventual consumo y venta, a expensas de los gravísimos problemas que esta actividad representa para su salud y hasta para su propia vida..
La posibilidad de generación de incendios generados por la combustión espontánea de los componentes orgánicos de los desechos allí depositados.
Las filtraciones de los líquidos generados por el proceso de descomposición orgánica de algunos de los desechos allí depositados en estado sólido y semi-sólido ("leaching") que percolarán a través de las capas del subsuelo, pudiendo contaminar aguas subterráneas si no se toman las medidas de prevención y mitigación como por ejemplo, el estudio y adecuado tratamiento de los suelos mediante la impermeabilización y otros métodos de contención de efluentes.
Conclusiones.
El estudio y evaluación de los riesgos tecnológicos "insidiosos" aquí descritos no están recibiendo, en nuestra opinión, una adecuada atención por parte de los investigadores y gerentes de riesgos en América Latina y el Caribe.
Debemos comenzar a preocuparnos por este "nuevo" género de riesgos tecnológicos que, más temprano que tarde, va a tener que ser considerado seriamente por los investigadores y por los gerentes de riesgos en nuestro continente.
Esperamos que estas cortas líneas sobre la problemática de lo que hemos dado en llamar riesgos tecnológicos "insidiosos" puedan servir de incentivo para que nos comencemos a preparar para enfrentar este tipo de riesgos.

LOS HURACANES Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL.
Las tormentas tropicales más poderosas se están volviendo aún más fuertes a medida que los océanos del planeta se calientan, confirmaron científicos. Análisis de información satelital muestra que en los últimos 25 años, fuertes tormentas, huracanes y tifones se han vuelto más frecuentes en la mayoría de los trópicos, dijeron los expertos en la revista Nature.

La idea de que el cambio climático podría estar ligado a las tormentas tropicales ha sido muy controversial. Unos años atrás, se decía que los huracanes se volverían más frecuentes y más comunes en un planeta cada vez más caliente. Investigaciones recientes sugieren que los ciclones podrían darse con menos frecuencia pero cada vez con mayor fuerza.

"Estamos viendo una señal que nos está diciendo que el efecto más potente (del incremento de las temperaturas oceánicas) se ve en las tormentas más fuertes", indicó James Elsner, de la Universidad Estatal de la Florida en Tallahassee, capital de ese estado estadounidense.

"En velocidades promedio o medianas, como de 143 kilómetros por hora (huracán categoría 1), no vemos una tendencia; pero cuando tenemos una velocidad de 215 kilómetros por hora (huracán categoría 4), sí vemos una tendencia", agregó.


El aumento de tormentas fuertes se ve marcadamente en el Atlántico Norte y en el Océano Indico, mientras que no se da en el Pacífico Sur. "Estamos analizando diferentes cuencas oceánicas y algunas ya son bastante cálidas", dijo el profesor Elsner. Y explicó que allí un incremento en la temperatura no va a producir un aumento tan fuerte en las tormentas como en las cuencas donde las temperaturas apenas favorecen los ciclones.

Los investigadores creen que las tormentas más débiles no se ven tan afectadas porque los factores que les impiden desarrollar todo su potencial no tienen relación con las temperaturas oceánicas. Aparte del cambio climático inducido por el ser humano, la incidencia de tormentas tropicales está determinada por ciclos naturales como la corriente de El Niño, que afecta la temperatura de las superficies en varias partes de los océanos. Aunque, en definitiva, el daño que los huracanes provocan no se debe tanto a su fuerza sino más bien al hecho de que toquen tierra.

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